martes, 17 de julio de 2012

Confieso que he pecado de pensamiento, palabra y omisión


Pequé. Pequé contra mi... porque sin quererlo vuelvo a escribir pensando en ti. La tinta se seca sobre el papel y la inspiración no llena mi sangre. No sé que hago. Juego con una gringa tonta, como si fuera un niño, jugando por la simple diversión de ver hasta dónde puedo llegar sin hacer nada. La cuco y me cuco, pero no es lo que quiero. Pequé. Porqué pienso en ti y en ella sin poder evitarlo, mientras juego con aquella gringa para olvidarlas a las dos. Todas viven grabadas en mi. Incluso tú, que siempre mentí cuando dije que no permití que entraras en mi corazón. Pero no pude evitarlo. Eres bella, inteligente, interesante, versada en las letras y escritora. Eres la receta perfecta para un plato que ansiaba por devorar, pero como muchos otros me quede con las ganas.

Me pierdo en la nube cibernética de el Facebook, miro tus fotos como un espectador que lee los "shorts" de tu vida. Miro cuidadosamente cada uno de los actores principales. Sonrió al ver caras conocidas, pero refunfuño con envidia al ver caras que no conozco, caras que parecen haber tomado mi supuesto lugar.  Me regaño, usualmente con una pequeña cachetada, al ceder a los celos y me recuerdo porque odio el Facebook. No quiero un resumen de tus días, no quiero ser un espectador. Quería ser el "lead"; el protagonista oscuro, varonil, guapo, aquel que con una sonrisa te captiva y con un poema te derrite.     

Pero aquí estoy, acostado en esta cama que no es mía, pensando en los días que charlamos por el celular. No sé que sentir. Como muchos dicen: todo paso tan rápido. Un día te quise, ¿y el otro? No sé si debo sentir coraje, tristeza, indiferencia... Confieso que he oscilado entre cada una de esas emociones. No sé qué paso. Nunca me diste tu historia, solo te desapareciste. Una noche, en donde yo solo quería sorprenderte con una llamada, me dijiste que había otro y que hablaríamos luego. Todavía espero tu llamada, como una niña tonta que espera el regreso de su caballero. No me dolió que estuvieras con otro. Eso siempre lo supe. Me lo dijiste claramente, no sabes ser fiel. Te dije que no era celoso, mientras no supiese nada; la inocencia es la mejor anestesia para el dolor. No, lo del otro me molesto, me dolió, pero lo que me restregó fue tu partida. Desapareciste. Miedos viejos del abandono se apoderaron de mi. No supe cómo reaccionar, así que no hice nada.

Todo cambió de un día para otro. Hoy estoy aquí acostado en una cama que no es mía, pensándote. Lanzo esta extraña carta al vació, con la esperanza de que tus ojos la lean, y con la mentira de que esto es comunicación.