Un poco de
ron Castilla, jugo de parcha, cuatro cubos de hielo y un vaso bien frío. Pruebo
mi poción moviendo el liquido en mi boca, como un buen vino, para saborearla al
máximo. Mi iphone se conecta a las redes cibernéticas y llena el cuarto vacio
con un poco de jazz. Me dejo llevar en un viaje por las trompetas. Lo único que
me hace falta es un buen cigarro. Siento mi boca aguarse a la noción. Tomo otro
poco de mi bebida para ayudar la fluidez de las palabras. Confieso, el gran
secreto de todo escritor, no sé que estoy haciendo. No tengo plan, no tengo
dirección, solo dejo que las palabras salgan de mis dedos al computador y cruzo
los dedos para que tengan algo de sentido. Algunas serán buenas y muy
coherentes, pero de seguro otras se coloran por el filtro y permanecerán como
pequeñas imperfecciones en una obra que nunca aspiro a ser maestra.
Ya no
quiero escribir más de mujeres. Me parece que el tema me agobia y aunque no lo
crea ni yo mismo, me aburre. Tenía pensado un cuento de zombies en el espirito
de halloween. Pero todavía no he podido cocinar aquella sopas de letras en un
cuento coherente. Confieso que no tengo nada coherente en este momento. Escribo
porque es lo único que sé hacer. Ni la comida, ni la bebida, ni los gritos,
nada sacia este vació que siento. Son pequeños ataques de pánico y una soledad
profunda que me arropa como una tormenta repentina. Extraño los días simple en
donde vivía casi 18 horas de mi vida en la universidad. Ahí todo era simple, no
había espacio para pensar ni para sentir, solo habían rizas, relajos, y buena
compañía. Ahora tengo demasiado tiempo para pensar y muy poca buena compañía.
La única
manera que sé explicar esto es usando un poco de química orgánica. Estoy en un
estado de transición. Al momento estoy rompiendo aquellos enlaces que me
formaron, que me dieron tanta seguridad, y me preparo para hacer enlaces nuevos.
Pero temo a cambiar, a romper lo que soy, a no reconocer el producto final de
esta reacción espontanea. No sé si estoy tomando las decisiones correcta, si
estoy preparado....
Me aburro
de estar en mi casa pero no encuentro el ánimo para salir de la misma. Mil
veces he tenido mi teléfono en las manos pensando llamar a alguien, pero son
muy pocas las veces que lo hago. No estoy acostumbrado a buscar de la gente,
siempre he vivido bajo la comodidad que todos me buscan a mí, que me llaman y
me dicen lo que vamos hacer.
Otro poco
de ron con parcha para bajar las palabras que se quedan estancadas en mi
garganta. No sé porque cuando escribo soy más honesto que cuando pienso. La
mente engaña, pero mis palabra siempre vislumbran hasta las más oscuras sombras
que no quiero descubrir.
La realidad
es que estoy solo. Extraño a mis amigos y extraño estar en una relación. Sé que
prometí no hablar de mujeres, pero que puedo decir... Extraño tener a alguien
que me llamaba y me recibía con aventuras, besos y sonrisas. Busco
re-crear/re-descubrir la experiencia pero a la vez me ato a mis inseguridades y
a mi pasado y no me doy la oportunidad de conocer a nadie. No sé como termine
otra vez en el mismo callejón de nunca terminar. Confieso que esto de la vida
no es fácil y a veces por más que uno se propone no regresar a las malas
costumbres, a veces la vida te cae encima y terminas estancado justo en el
lugar al que le huías. Pero sé que las buenas costumbres están ahí también y
que si en el pasado me levanté, ahora lo hare de nuevo.
Levantó mi
trago y bebo por el regreso de Kevin, aquel que por ahora vive guardado en su
casa, pero pronto renacerá de nuevo entre el mundo de las aventuras, la buena
compañía, y sobre todo la conquista de una buena mujer. Mujeres solteras prepárense
porque por ahí viene un buen hombre y mira, está tirando pa' matar.