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| Etruska: deviantart.com |
"¿Todo bien?" me preguntó sabiendo
exactamente como provocarme. Yo permanecía congelado de frente a ella. Sostuve
la mirada de sus ojos color caramelo por solo un instante y luego recorrí todos
los posibles pasadizos de su cremosa piel. Sostuve la mirada en sus generosos
pechos, dos impecables montañas que prometían intoxicarme son su deleitable suavidad.
Ella llevó
su mirada hacía su cuerpo. Sus labios de fresa se separaron en sorpresa y llevo
el libro contra sus senos aplastándolos contra su cuerpo. "¡Me parece que
estoy un poco escandalosa esta tarde!" La nueva posición del libro me dio acceso
a sus increíbles muslos que estaban muy apretaditos y solo deslumbraban un pequeño
triangulo negro.
Con solo
unos pasos estaba de frente a ella. Le miraba sin tocarla. Cerro los labios y
los remojo con su lengua, confeccionándoles un brillo tentador. Con el último
paso separo sus piernas y sus muslos se encajaron sobre mi cadera. El primer
beso fue tan lento que solo servía para echarle leña al fuego que estaba
crecido.
"Tengo
miedo, nunca he estado con un hombre tan mayor," dijo fingiendo voz de
niña. Con ese comentario se acabo todo el pretexto de inocencia. Hicimos el
amor sobre la mesa del comedor, chillando para compartir con la cuidad nuestra
pasión.
Lucía fue
la mejor parte de la vieja cuidad. Ella era la modernización de lo antiguo. Su
curiosidad y sus pasiones siempre fueron fuentes de nuevas aventuras. Sin
embargo, cuando me mude, no supe más de Lucía, ella era de la cuidad y yo fui
solo un visitante que gozó explorar por aquellos pasadizos.

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