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| DeesDilemma (2010-2012 DeviantArt) |
RING
riiiing triiiing! La última campana del año académico retumbo sobre la escuela.
Permanecí sentado en mi silla mientras mis compañeros salían a toda carrera por
las dos puertas del pequeño salón. Muy despacio guardé mi libreta y mis lápices
dentro de mi mochila. Caminaba dando pasos cortos por los pasillos de la
escuela mientras trazaba con mis dedos las paredes porosas pintadas de amarillo
pollito. El piso estaba lleno de papeles, blancos en su mayoría, pero muchos
eran los empaques de las meriendas de nosotros.
"Vamos niño avanza," me dijo misis Torres
con una sonrisa pintada de rojo. Trate de imitar su sonrisa pero juzgo por su
cara que no fue un buen intento. Tak tak tak tak sonaban sus tacos por los
pasillos. Me preguntó sobre mis vacaciones de verano, en especifico si viajaría
a algún lugar con mis padres. Le respondí con un corto movimiento de lado a
lado con mi cabeza. Mis padres hace dos días se fueron en uno de sus viajes
para una jungla a algún lado del mundo. Ellos eran profesores en la universidad
de Puerto Rico y estudiaban ranas y lagartijos.
En el
estacionamiento la camioneta de mi abuelo me esperaba retumbando como de
costumbre. Me dio un beso que me provoco cosquillas debido a su prominente
bigote blanco. "Niño siempre eres el último en salir de la escuela ¿acaso
te gusta tanto?" me pregunto a son de broma. "No abuelo pero si salgo
de prisa tengo que hacer la fila larguísima de todos los niños empujando para
salir por el portón. Prefiero ser el último..." dije distraído mientras
miraba la escuela quedar cada vez más lejos mientras conducía.
Más
tarde en la casa comí arroz blanco con habichuelas rozadas y chuletas preparada
por la abuela. Por alguna razón las abuelas siempre cocinan más rico que las
madres. La casa de los abuelos era muy grande, tenía dos planos y estaba bosque
adentro por Trujillo. Me gustaba porque cuando subía al segundo plano podía ver
las luces a lo lejos de la cuidad. Además cuando miraba al cielo siempre veía
muchas estrellas más. Sin embargo, aparte de las estrellas me resultaba muy
aburrida la casa. Mis abuelos no tenían servicio de cable, por lo que lo único
que ofrecía la tele era las noticas y las novelas. A mi ninguno de los dos me
parecía muy interesante. Siempre me traía mi Gameboy y jugaba Mario en la hamaca de la casa. Usualmente me
quedaba dormido. Siempre me levantaba cuando los mosquitos se ponían
insoportables y regresaba al interior de la casa.
Yo
tenía mi propio cuarto. Este era mucho más grande que el de mi casa. Un día
hace unos años mi abuela y yo lo decoramos. La corcha era de mis muñequitos
favoritos y además tenía posters de otros muñecos como Dragon Ball Z y Pokemon.
Tenía un cajón de juguetes que había ido trayendo de poco a poco. Ya estaba
lleno de tantas veces que me quedaba con los abuelos. Cansado de jugar con el Gameboy y con poco sueño, decidí jugar
un poco con los muñecos. Sin darme cuenta paso un buen rato. Ya era tarde y la
abuela paso por el cuarto para decirme que se acostaría. Ya hace unos meses me
dejaban quedarme jugando hasta cuando quisiera. Sin embargo, como no había
mucho que hacer siempre me quedaba dormido leyendo un libro sobre la cama. Esa
noche estaba leyendo uno de mis favoritos El Principito. Soñé con aventuras en
el espacio, con amistades y como siempre con algún poder como el de los
muñequitos. Siempre soñaba que era fuerte como el Goku de Dragon Ball. Me
parecía que podía volar, tirar energía y proteger a mis amistades como lo hacía
él.
Sin
embargo, no soñaba con las caras de mis amigos, pues no tenía. Se me hacía muy
difícil llevarme con los otros niños. Ellos siempre estaban corriendo, jugando
algún deporte o algo así. Todo era tan rápido y yo soy lento. Por eso me
llamaban tortuga, por gordo y lento. Pero no me molestaba, me entretenía
caminando, mirando y observando. A veces me sentaba sobre las mesas del comedor
y los miraba jugar baloncesto mientras me comía mi merienda. Me gustaba ver
como la bola rebotaba por toda la cancha con su tun tun tun tun. A veces
imaginaba que podía ver las palabras de cada sonido. Como si en vez de escuchar
leyera el mundo a mi alrededor. Era algo que no le había contada a nadie y que
me fascinaba.
"¿Es él?"
"Creo que sí. No hay otro niño en toda la
casa."
"Pues avanza, ¡vamos a llevárnoslo!"
Una
mano grande con una uñas más gordas que afiladas estaban sobre mi pecho. Cuando
enfoque la vista y vi a aquel monstruo de piel violeta y pelo naranja pegue un
grito. Pero antes de que el ruido estallara de mi boca otra mano pequeña que
sabía a ropa vieja tapo mi boca. Traté de morder aquella mano pero antes de
logarlo, el monstruo violeta me levanto de la cama y me amaró con las sabanas,
de manera que no podía moverme y no podía hablar. Resignado a mi final me
dedique a mirar a mis asaltantes. Uno medía como 6 pies y parecía un Hulk
violeta. Pero su pelo era naranja y sus manos tenían aquellas pesuñas gordas y
negras. Llevaba un chaqueta larga como la que usan los Americanos en el
invierno. Por otro lado su contraparte era una niña como de alguno 15 o 16
años. Tenía el pelo largo y amarrado en una trenza gorda. Parecía ser de color
negro o un azul bien oscuro. Su ropa era vieja y con parchos como la de los
niños huérfanos en los muñequitos.
"Si prometes no gritar te soltamos y te
explicamos todo ¿te parece?" me preguntó la niña.
Asentí con la cabeza. Tan pronto sentí la sabana tirar de mi boca peque el grito más alto de mi vida. "El niño!" escuche a mi abuelo gritar a lo lejos. "Avanza Glork!" apresuró la niña. El gigante respondió haciendo un gesto de desgarrar el espacio vació con sus uñas. El espacio cedió ante sus garras creando una ventana desgarrada hacia el vacio. La niña me empujo hacía el portal y luego el monstruo siguió. Lo último que vi antes de que el portal cerrara fue a mi abuelo buscándome desesperado por la habitación.
PB1: Sobre el primer encuentro entre el niño y el Caballero de las Sombras

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