jueves, 14 de febrero de 2013

PB1: Sobre el primer encuentro entre el niño y el Caballero de las Sombras


www.aceros-de-hispania.com





        Caímos sobre la carretera con un golpe seco y duro, como cuando cae una pana verde del árbol. El monstruo aparentemente cayo de pie. Sus manos rápido se encargaron de atraparme. La chica se tardo unos minutos en lo que se levantó. Cuando lo hizo de sacudió su vestimenta y levantó una gran nube de polvo.
       
Una vez todos estábamos de pie, caminamos. Me entró un dolor fuerte en las piernas pero temía demasiado como para quejarme. Trate de distraer la mente mirando el bosque que parecía devorar la carretera. La noche estaba viva con los ooohooo! de los múcaros y el tss tss tss de las alas de los murciélagos. Agotado lleve la mirada al cielo lleno de estrellas. Desde arriba nos miraba una luna que vestía más amarillo que de blanco. Ella bañaba el camino de luz queriendo ser sol de noche.
       
Como a la hora de caminar llegamos a un carro viejo. Era uno de esos de cuatro puertas de un color champaña. El monstruo abrió la puerta de atrás y me amarró con el cinturón de manera que no podía mover las manos. Él tomo el asiento conductor. 

"Te vamos a llevar a donde el Rey. Vas a salvar el mundo serás un héroe," dijo la chica con un tono casi alegre.

        A través del retrovisor espíe la cara del monstruo. Me sorprendí. Cuando me detuve a observarlo con calma vi facciones muy humanas escondidas detrás de su piel purpura y su jungla de pelo anaranjado. Tenía una nariz perfilada de esas que parecen gárgolas que se estiran lejos de un edificio. Su boca era pequeña y estaba muy apretada aferrándose a un silencio forzado, no muy diferente del mío.

"¿Acaso no habla?
"Lo que importa es llevarlo al rey," dijo Glork con finalidad.

        Luego de unos 30 minutos, el carro comenzó a brincar mientras pasaba por encima de unos adoquines. Subimos, muy cerca de la costa. Al otro lado de la carretera habían casas viejas, oscuras, con gente que miraba nuestro progreso escondida detrás de cortinas. Nuestro viaje concluyo frente a un castillo que por detrás lo que tenía era el inmenso y poderoso mar. Nuevamente tuvimos que caminar. Esta vez subiendo hacia la entrada del antiguo castillo. A lo lejos podía ver varios caballeros, su armadura brillaba bajo la irradiación lunar. Cuando nos acercamos noté con asombro que debajo de sus yelmos habían cabezas de puercos. El resto de su composición era humana, pero sus caras eran de piel dura y peluda como la de los cerdos salvajes. Su nariz era aplastada y larga. Además tenían unos poderosos colmillos. Dos de estos guerreros abandonaron su puesto y marcharon hacia nosotros.

"¿Este es el niño?" preguntó con un tono que me hizo sentir incomodo.
"Es él," le contestó Glork irritado.

        Uno de ellos me tomo por el brazo y me arrastró hacia dentro del castillo. Detrás de nosotros la armadura del otro cerdo sonada con sus pisadas pesadas. En el interior del castillo había una variedad de artículos de varias partes del mundo. Parecía que el rey era un gran aficionado de coleccionar objetos valiosos. Era por tal razón que su castillo me parecía más un museo de historia o arte que un castillo de batalla. Sin embargo, al subir varios piso noté que me había equivocado. Pude ver varios de los caballeros cochinos doblados examinando mapas. Además vi varias armas de guerra como espadas, arcos, escudos, y cañones y armamentos para lanzar bolas de hierro. A los lejos se escuchaba el chillido de espada chocando contra espada.  

        Seguimos subiendo hasta llegar a un cuarto muy pequeño bien arriba en el castillo. El mismo consistía de una sola silla, un trono altísimo enmarcado por banderines de guerra. Su escudo era un tenebroso dragón negro que escupía fuego verde. Sentado en el trono había un caballero del grande de Glork. Su armadura era negra como las escamas del dragón y el hierro había sido tratado para que simulara las escamas del poderoso réptil al que el rey veneraba. Su penacho era de un purpura oscuro que parecía más negro que púrpura. La cimera era de tal manera que simulaba la estructura del cráneo de un poderoso dragón. Llevaba tres pullas bien afiladas en cada hombrera y tres más en cada guantelete. Además la armadura llevaba diseños de fuego verde enredado como serpientes por varias partes de la misma.  

 "¿Este es el niño?" preguntó con el mismo tono del cerdo. Parecía reír bajo la cubierta de su yelmo. "Déjennos," ordenó. Los cerdo llevaron su puño contra el plato del pecho y se marcharon. Una vez estábamos a solas, extendió su mano derecha hacia la puerta. Sobre su mano abierta comenzaron a salir letras una seguida de la otra en una cadena sencilla y curveada. Una vez se termino la cadena, la misma se separó de su mano y se rompió en varios pedazos. Las letras se configuraron en el espacio hasta formar las palabras impenetrable y cerrado. Las dos palabras salieron disparadas hacia la puerta y tan pronto la impactaron se formo una cubierta de hierro que restringía la entrada o salida del cuarto.

        Luego el caballero llevo sus guantes metálicos a su casco y se lo quitó. El efecto fue de inmediato. Su armadura transmutó de un estado sólido a un estado gaseoso. El humo negro se dirigió sigilosamente al casco. El caballero despojado de su armadura perdió como uno tres pies de altura. Su cuerpo completo cambio al de un joven flaco de algunos 16 o 18 años. Su pelo era de color castaño y lo llevaba bien largo como los chicos roqueros. Llevaba una camisa con la insignia de una banda que no reconocí y mahonés oscuros.   

"¡En serio!" O sea que tú eres el supuesto héroe que va a derrotarme. ¿Tú? No los caballeros, no los piratas, ni la resistencia, tú. Un gordito de 6 años." No tenía 6 años pero pensé que no era una buena idea corregirlo.

"Bueno, mejor no dejarlo a la suerte. A mí me gustan las cosas a la segura." Una vez dijo esto extendió su mano derecha. Nuevamente comenzó a deslizarse una cadena de letras. Esta vez la cadena no sufrió re-arreglos una vez completada. La palabra espada flotaba entre nosotros. El joven la agarró y la palabra se dividió en muchas palabras pequeñas; todas leían espada. Las pequeñas palabras se entrecruzaron hasta formar una espada de doble filo.

        Nervioso comencé a retroceder hasta que me tropecé y cae en el piso duro. El joven me miro con una sonrisa de burla y levanto la espada. Reaccione cubriéndome con los brazos y cerrando los ojos. El hierro nunca corto mi piel. Cuando abrí mis ojos vi el joven que me miraba confundido. Llevo la espada contra mí, pero no me corto. Era como si la misma pasara a través de mi cuerpo sin hacer contacto con el mismo. Desesperado el joven experimento la consistencia de su arma, destrozando una mesa que estaba cerca de nosotros. Esta vez empuño la agarradera con ambas manos y llevo la espada hacia mí. Me cubrí con los brazos pero me obligue a dejar los ojos abiertos. Vi como la espada se acercaba, pero en vez de cortar mi piel paso a través de ella. Una vez completado el ataque la espada se rompió formando una sopa de letras en el piso. Sentí un dolor en el antebrazo derecho y cuando lo verifique noté que la palabra espada estaba tatuada en mi piel.

        El joven me miraba de una manera muy curiosa. Yo no sabía si correr o gritar. En fin, permanecí en el piso congelado. Yo mire al joven como si todo fuese una película y los eventos no tuvieran ninguna consecuencia. El joven se colocó su casco y una cascada de palabras llovió sobre su cuerpo formando la silueta de su armadura. Entre las palabras pude leer, dragón, armadura, hierro, tenebroso. Pero la palabras que más se repetían eran caballero y sombra. Todas estas palabras se unieron formando la armadura tenebrosa que vi de primera instancia. Entonces estaba delante de mí el caballero de las sombras, el rey que acababa de intentar matarme.

        Fue entonces cuando reaccioné. Me levanté rápido y trate de correr lo más rápido posible al otro lado de la habitación. Antes de que pudiera escapar el Caballero de las Sombras me agarró y me levantó. Me sentía como un enano al lado de su monstruosa estatura. Me di cuenta que su guante de hierro estaba raro. Tenía un brillo y un movimiento que no tenía el otro. Cuando me fije con más detalle noté que el mismo comenzaba a deshilarse, como le paso a la espada cuando entro en contacto conmigo. El Caballero se dio cuenta también y me lanzó con espantó. Al día de hoy no sé si fue calculado o no, pero salí disparado por una ventana y hacia el inmenso mar. Grité mientras caía sin saber que sería de mí.


No hay comentarios:

Publicar un comentario