Caímos sobre la carretera con un golpe seco y duro, como
cuando cae una pana verde del árbol. El monstruo aparentemente cayo de pie. Sus
manos rápido se encargaron de atraparme. La chica se tardo unos minutos en lo
que se levantó. Cuando lo hizo de sacudió su vestimenta y levantó una gran nube
de polvo.
Una vez todos estábamos de pie, caminamos. Me entró un dolor fuerte en
las piernas pero temía demasiado como para quejarme. Trate de distraer la mente
mirando el bosque que parecía devorar la carretera. La noche estaba viva con
los ooohooo! de los múcaros y el tss tss tss de las alas de los murciélagos.
Agotado lleve la mirada al cielo lleno de estrellas. Desde arriba nos miraba
una luna que vestía más amarillo que de blanco. Ella bañaba el camino de luz
queriendo ser sol de noche.
Como a la hora de caminar llegamos a un carro viejo. Era uno de esos de
cuatro puertas de un color champaña. El monstruo abrió la puerta de atrás y me
amarró con el cinturón de manera que no podía mover las manos. Él tomo el
asiento conductor.
"Te vamos a llevar a
donde el Rey. Vas a salvar el mundo serás un héroe," dijo la chica con un
tono casi alegre.
A través del retrovisor espíe la cara del monstruo. Me
sorprendí. Cuando me detuve a observarlo con calma vi facciones muy humanas
escondidas detrás de su piel purpura y su jungla de pelo anaranjado. Tenía una
nariz perfilada de esas que parecen gárgolas que se estiran lejos de un
edificio. Su boca era pequeña y estaba muy apretada aferrándose a un silencio
forzado, no muy diferente del mío.
"¿Acaso no habla?
"Lo que importa es
llevarlo al rey," dijo Glork con finalidad.
Luego de unos 30 minutos, el carro comenzó a brincar mientras
pasaba por encima de unos adoquines. Subimos, muy cerca de la costa. Al otro
lado de la carretera habían casas viejas, oscuras, con gente que miraba nuestro
progreso escondida detrás de cortinas. Nuestro viaje concluyo frente a un
castillo que por detrás lo que tenía era el inmenso y poderoso mar. Nuevamente
tuvimos que caminar. Esta vez subiendo hacia la entrada del antiguo castillo. A
lo lejos podía ver varios caballeros, su armadura brillaba bajo la irradiación
lunar. Cuando nos acercamos noté con asombro que debajo de sus yelmos habían
cabezas de puercos. El resto de su composición era humana, pero sus caras eran
de piel dura y peluda como la de los cerdos salvajes. Su nariz era aplastada y
larga. Además tenían unos poderosos colmillos. Dos de estos guerreros
abandonaron su puesto y marcharon hacia nosotros.
"¿Este es el
niño?" preguntó con un tono que me hizo sentir incomodo.
"Es él," le
contestó Glork irritado.
Uno de ellos me tomo por el brazo y me arrastró hacia dentro
del castillo. Detrás de nosotros la armadura del otro cerdo sonada con sus pisadas
pesadas. En el interior del castillo había una variedad de artículos de varias
partes del mundo. Parecía que el rey era un gran aficionado de coleccionar
objetos valiosos. Era por tal razón que su castillo me parecía más un museo de
historia o arte que un castillo de batalla. Sin embargo, al subir varios piso
noté que me había equivocado. Pude ver varios de los caballeros cochinos
doblados examinando mapas. Además vi varias armas de guerra como espadas,
arcos, escudos, y cañones y armamentos para lanzar bolas de hierro. A los lejos
se escuchaba el chillido de espada chocando contra espada.
Seguimos subiendo hasta llegar a un cuarto muy pequeño bien
arriba en el castillo. El mismo consistía de una sola silla, un trono altísimo
enmarcado por banderines de guerra. Su escudo era un tenebroso dragón negro que
escupía fuego verde. Sentado en el trono había un caballero del grande de
Glork. Su armadura era negra como las escamas del dragón y el hierro había sido
tratado para que simulara las escamas del poderoso réptil al que el rey
veneraba. Su penacho era de un purpura oscuro que parecía más negro que púrpura.
La cimera era de tal manera que simulaba la estructura del cráneo de un
poderoso dragón. Llevaba tres pullas bien afiladas en cada hombrera y tres más
en cada guantelete. Además la armadura llevaba diseños de fuego verde enredado
como serpientes por varias partes de la misma.
"¿Este es el niño?" preguntó con el
mismo tono del cerdo. Parecía reír bajo la cubierta de su yelmo. "Déjennos,"
ordenó. Los cerdo llevaron su puño contra el plato del pecho y se marcharon.
Una vez estábamos a solas, extendió su mano derecha hacia la puerta. Sobre su
mano abierta comenzaron a salir letras una seguida de la otra en una cadena
sencilla y curveada. Una vez se termino la cadena, la misma se separó de su
mano y se rompió en varios pedazos. Las letras se configuraron en el espacio
hasta formar las palabras impenetrable y cerrado. Las dos
palabras salieron disparadas hacia la puerta y tan pronto la impactaron se
formo una cubierta de hierro que restringía la entrada o salida del cuarto.
Luego el caballero llevo sus guantes metálicos a su casco y
se lo quitó. El efecto fue de inmediato. Su armadura transmutó de un estado
sólido a un estado gaseoso. El humo negro se dirigió sigilosamente al casco. El
caballero despojado de su armadura perdió como uno tres pies de altura. Su
cuerpo completo cambio al de un joven flaco de algunos 16 o 18 años. Su pelo
era de color castaño y lo llevaba bien largo como los chicos roqueros. Llevaba
una camisa con la insignia de una banda que no reconocí y mahonés oscuros.
"¡En serio!" O
sea que tú eres el supuesto héroe que va a derrotarme. ¿Tú? No los caballeros,
no los piratas, ni la resistencia, tú. Un gordito de 6 años." No tenía 6
años pero pensé que no era una buena idea corregirlo.
"Bueno, mejor no
dejarlo a la suerte. A mí me gustan las cosas a la segura." Una vez dijo
esto extendió su mano derecha. Nuevamente comenzó a deslizarse una cadena de
letras. Esta vez la cadena no sufrió re-arreglos una vez completada. La palabra
espada flotaba entre nosotros. El joven la agarró y la palabra se
dividió en muchas palabras pequeñas; todas leían espada. Las pequeñas
palabras se entrecruzaron hasta formar una espada de doble filo.
Nervioso comencé a retroceder hasta que me tropecé y cae en
el piso duro. El joven me miro con una sonrisa de burla y levanto la espada.
Reaccione cubriéndome con los brazos y cerrando los ojos. El hierro nunca corto
mi piel. Cuando abrí mis ojos vi el joven que me miraba confundido. Llevo la
espada contra mí, pero no me corto. Era como si la misma pasara a través de mi
cuerpo sin hacer contacto con el mismo. Desesperado el joven experimento la
consistencia de su arma, destrozando una mesa que estaba cerca de nosotros.
Esta vez empuño la agarradera con ambas manos y llevo la espada hacia mí. Me
cubrí con los brazos pero me obligue a dejar los ojos abiertos. Vi como la
espada se acercaba, pero en vez de cortar mi piel paso a través de ella. Una
vez completado el ataque la espada se rompió formando una sopa de letras en el
piso. Sentí un dolor en el antebrazo derecho y cuando lo verifique noté que la
palabra espada estaba tatuada en mi piel.
El joven me miraba de una manera muy curiosa. Yo no sabía si
correr o gritar. En fin, permanecí en el piso congelado. Yo mire al joven como
si todo fuese una película y los eventos no tuvieran ninguna consecuencia. El
joven se colocó su casco y una cascada de palabras llovió sobre su cuerpo
formando la silueta de su armadura. Entre las palabras pude leer, dragón,
armadura, hierro, tenebroso. Pero la palabras que más se repetían eran caballero
y sombra. Todas estas palabras se unieron formando la armadura
tenebrosa que vi de primera instancia. Entonces estaba delante de mí el
caballero de las sombras, el rey que acababa de intentar matarme.
Fue entonces cuando reaccioné. Me levanté rápido y trate de
correr lo más rápido posible al otro lado de la habitación. Antes de que
pudiera escapar el Caballero de las Sombras me agarró y me levantó. Me sentía
como un enano al lado de su monstruosa estatura. Me di cuenta que su guante de
hierro estaba raro. Tenía un brillo y un movimiento que no tenía el otro.
Cuando me fije con más detalle noté que el mismo comenzaba a deshilarse, como
le paso a la espada cuando entro en contacto conmigo. El Caballero se dio
cuenta también y me lanzó con espantó. Al día de hoy no sé si fue calculado o
no, pero salí disparado por una ventana y hacia el inmenso mar. Grité mientras
caía sin saber que sería de mí.

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