domingo, 24 de junio de 2012

Mi última carta para ti


Te leo nuevamente y me recuerdo de la chica que me fascinaba tanto. ¿Acaso me fascine demasiado por el arte y no la escritora? Me enamore en poco tiempo de los versos, de las palabras, de tus letras, pero no de ti. Siempre me ha fascinado como todo puede cambiar tan fácilmente con el tiempo. No eres la primera que de un día para otro me exila de su reino, y sé que no serás la última. Los días pasan muy deprisa uno detrás del otro, y aunque confieso que te extraño, ya no hay vuelta atrás. Aprendí que los días tachados no se pueden repetir, no se pueden remediar y sobre todo no se pueden re-escribir. A pesar de todo, no sé perdió nada sino las ilusiones de todo lo que pudo haber sido y lo que nunca será. Te deseo lo mejor. Mi deseo para ti siempre fue tu absoluta felicidad. Por eso quiero que escribas, que rías, que vivas. Pero también quiero que madures, que crezcas, y que ames nuevamente. Espero que con el tiempo aprendas a alejarte de todos aquellos que solo te hacen daños, a alejarte de las personas que te anclan cuando tu quieres volar, y sobre todo a alejarte del que no te ama y solo pretende usarte y nada más.

un último beso,
Kevin

sábado, 16 de junio de 2012

Hoy toco a tu puerta


Todos vienen y se van, ¿pero quién se queda? A cada uno su despedida, su partida, su razón para marcharse, ¿y tú con que te quedas? Te imagino sentada en un balcón mirando el cielo oscuro de Puerto Rico mientras fumas un cigarrillo y bebes una medalla. Tu mirada va clavada en el cielo, en las pocas estrellas de la noche, pero no ves. Bebes para dejar todo eso en otro plano aunque sea solo por un instante. Inhalas y exhalas el humo y se esfuman tus preocupaciones. Ríes, todos te ven riendo, ¿pero quién te ve llorar? Todos llegaron y se fueron, la lista cada vez se acorta y mi nombre toca sobre tu puerta. ¿Me vas a recibir? Sé que la habitación que anhelo está vacía, y sin embargo la mantienes llenas de fantasmas y polvos. Polvos que vienen y se van, pero no se quedan. No pretendo entrar por esos labios solo para marcharme. No pretendo saber lo que pretendo. Solo quiero entrar a aquella habitación llena de fantasmas. No me preguntes porque, porque no lo sé. No pretendas que te lo explique por qué no lo hare. No me pidas que me marche, porque vine para quedarme. 

domingo, 10 de junio de 2012

Conclusiones silenciosas (para ella)


         Eres como un disco rayado. En alguna parte de mi vida me llenabas con tu dulce música y eras de mis favoritas. Pero ahora, solo escucho el chillido de la misma historia, del final. Es hora de cambiar el disco, de dejar atrás las canciones viejas. Fuiste lo máximo de mi juventud, pero ya no soy el mismo niño que jugaba al amor eterno.   

El caballero herpetólogo


De yelmo llevaba un sombrero al estilo safari, con pines de varías instituciones científicas. Su armadura era una camisa Colombia, manga larga por su puesto. Los pantalones eran del estilo cargo con todos los bolcillos llenos de las herramientas necesarias para la hazaña. En su cinturón llevaba su arma de preferencia: una vara de grafito plegable con un anillo de hilo en la punta. La tarea de esa mañana era cazar dragones. Los mismos eran diminutos pero abundantes. Se arrastraban en cuatro patas por todo el bosque escarbando cualquier insecto para la cena.

Escuchó el crujir de las hojas. Giro sobre el talón y estiro su vara de grafito. El dragón lo miró y saco su diminuta lengua bifurcada. Antes de que el dragón pudiera echar a correr, el caballero estiro su arma, coloco el anillo de hilo sobre la cabeza del dragón y lo levantó de la tierra. Mientras soltaba el nudo el dragón le mordió un dedo. El bosque retumbo con el eco de alguna palabra soez de su tierra lejana. Luego el caballero encerró al dragón en su respectiva jaula y continuo su hazaña. Para ese momento ya había capturado 81 dragones, tenía solo diez días para completar su meta de cien. Solo el tiempo dirá que nuevas aventuras le espera al caballero herpetólogo. 

Cartas: A mi madre (2)


Me miro en el espejo. Son las diez de la noche y sigo trabajando. Llevo la misma camisa que he usado toda la semana y apesta. Mi cabello negro está sucio y enredado y mis ojos lucen de cansancio. Pero cuando me miro en el espejo sonrío. La victoria es el sudor salado que corre por mi boca. Yo, salí de mi isla. Cuando no tenía alas me hice plumas de papel y volé hacia el norte. Esta noche miro mi cara sudada y pienso en ti. Es el mismo pelo negro, son las mismas cejas gordas, la misma cara redonda... Te veo en cada milímetro de mi rostro. Pienso en que jamás me miraras con orgullo. Jamás te explicare porque decidí jugar con lagartos y sapos como carrera. No retorcerás de espanto cuando te cuente que atrape una serpiente con mis manos. No te preocupará que paso mis noches buscando salamanquesas fantasmas que corren por la oscuridad. No recuerdo si alguna vez me diste la bendición, o si me besabas en la noche antes de acostarme en la cama. No recuerdo tu mano en mi pelo, ni tu cariño. No recuerdo tus besos o tus abrazos. Pero hoy, me miro en el espejo y pienso solo en ti.

Bendición madre, buenas noches. Estoy bien, jugando con lagartos y sapos en alguna isla del Caribe. Te quiero,
Kevin

lunes, 4 de junio de 2012

Distancia


Maldita distancia que penetra mi presente y nos separa. Siempre dije, nunca más, y hoy hago lo mismo que ayer. Me conectó al skype y te busco. Te llamo, te veo, pero no te escucho. Las memorias de aquella relación entre Milán y Puerto Rico se levantan y me espantan. Recuerdo lo mucho que odiaba poder ver y escucharla pero no tocarla. Odio ser parte de un espacio, pero no poder interactuar completamente en el mismo. Maldito horror de estar atrapado en la pantalla de una computadora. Maldita falta de comunicación, de no poder interactuar completamente en tu presente. Maldita la distancia que penetra mi presente y nos separa.