Todos
vienen y se van, ¿pero quién se queda? A cada uno su despedida, su partida, su
razón para marcharse, ¿y tú con que te quedas? Te imagino sentada en un balcón
mirando el cielo oscuro de Puerto Rico mientras fumas un cigarrillo y bebes una
medalla. Tu mirada va clavada en el cielo, en las pocas estrellas de la noche,
pero no ves. Bebes para dejar todo eso en otro plano aunque sea solo por un
instante. Inhalas y exhalas el humo y se esfuman tus preocupaciones. Ríes,
todos te ven riendo, ¿pero quién te ve llorar? Todos llegaron y se fueron, la
lista cada vez se acorta y mi nombre toca sobre tu puerta. ¿Me vas a recibir? Sé
que la habitación que anhelo está vacía, y sin embargo la mantienes llenas de
fantasmas y polvos. Polvos que vienen y se van, pero no se quedan. No pretendo
entrar por esos labios solo para marcharme. No pretendo saber lo que pretendo.
Solo quiero entrar a aquella habitación llena de fantasmas. No me preguntes
porque, porque no lo sé. No pretendas que te lo explique por qué no lo hare. No
me pidas que me marche, porque vine para quedarme.
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