domingo, 10 de junio de 2012

El caballero herpetólogo


De yelmo llevaba un sombrero al estilo safari, con pines de varías instituciones científicas. Su armadura era una camisa Colombia, manga larga por su puesto. Los pantalones eran del estilo cargo con todos los bolcillos llenos de las herramientas necesarias para la hazaña. En su cinturón llevaba su arma de preferencia: una vara de grafito plegable con un anillo de hilo en la punta. La tarea de esa mañana era cazar dragones. Los mismos eran diminutos pero abundantes. Se arrastraban en cuatro patas por todo el bosque escarbando cualquier insecto para la cena.

Escuchó el crujir de las hojas. Giro sobre el talón y estiro su vara de grafito. El dragón lo miró y saco su diminuta lengua bifurcada. Antes de que el dragón pudiera echar a correr, el caballero estiro su arma, coloco el anillo de hilo sobre la cabeza del dragón y lo levantó de la tierra. Mientras soltaba el nudo el dragón le mordió un dedo. El bosque retumbo con el eco de alguna palabra soez de su tierra lejana. Luego el caballero encerró al dragón en su respectiva jaula y continuo su hazaña. Para ese momento ya había capturado 81 dragones, tenía solo diez días para completar su meta de cien. Solo el tiempo dirá que nuevas aventuras le espera al caballero herpetólogo. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario