Me miro en
el espejo. Son las diez de la noche y sigo trabajando. Llevo la misma camisa
que he usado toda la semana y apesta. Mi cabello negro está sucio y enredado y
mis ojos lucen de cansancio. Pero cuando me miro en el espejo sonrío. La
victoria es el sudor salado que corre por mi boca. Yo, salí de mi isla. Cuando
no tenía alas me hice plumas de papel y volé hacia el norte. Esta noche miro mi
cara sudada y pienso en ti. Es el mismo pelo negro, son las mismas cejas
gordas, la misma cara redonda... Te veo en cada milímetro de mi rostro. Pienso
en que jamás me miraras con orgullo. Jamás te explicare porque decidí jugar con
lagartos y sapos como carrera. No retorcerás de espanto cuando te cuente que
atrape una serpiente con mis manos. No te preocupará que paso mis noches buscando
salamanquesas fantasmas que corren por la oscuridad. No recuerdo si alguna vez
me diste la bendición, o si me besabas en la noche antes de acostarme en la
cama. No recuerdo tu mano en mi pelo, ni tu cariño. No recuerdo tus besos o tus
abrazos. Pero hoy, me miro en el espejo y pienso solo en ti.
Bendición madre,
buenas noches. Estoy bien, jugando con lagartos y sapos en alguna isla del
Caribe. Te quiero,
Kevin
No hay comentarios:
Publicar un comentario