En cuarto pequeño, sin decoraciones, sin retratos. Sin distracciones. La luz
inquieta de una vela estiraba dos sombras sobre las cuatro paredes. En el
centro había tan solo una mesa de guayacán tan desnuda como la habitación.
Además habían dos sillas opuestas una de la otra. En cada silla estaba sentado
un hombre, ambos reflexionados por el eje imaginario de la mesa. Solo los distinguía su vestimenta. Uno vestía
de manera muy cómoda, llevando pantalones cortos y una camisa de playa de
muchos colores. El otro, vestía muy fino, con una camisa azul cielo planchadita
y un pantalón de vestir negro.
"Tengo
un cuento," comenzó el hombre de vestido de gala, al cual llamaremos K. Su
contraparte reacciono descansando sus pies sobre la mesa. "Y que esperas, ¿una
introducción?," le contesto con una sonrisa. A este, quien vestía muy
cómodo, le llamaremos J.
K, obvió
el comentario de su contraparte y comenzó el relato del día.
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